La estructura de costos es un monstruo de múltiples cabezas… y todas ellas son relevantes a la hora de obtener ese retrato o radiografía fundamental de cualquier empresa.
En la actualidad, quizá más que en ninguna otra época, el conocer a detalle la estructura de costos es clave para la supervivencia empresarial. En el pasado, el mercado soportaba las ineficiencias o imprecisiones en la estimación de costos. El margen solía compensar todo lo no organizado o lo no controlado, mientras que ahora todas esas variables deben por fuerza ser domadas para que no se nos vuelvan en contra. Ello nos conduce, en síntesis, a la necesidad de estudiar mucho más a fondo nuestros productos.
Los productos son como los estudiantes de una clase; algunos son muy buenos y otros no tanto, algunos se defienden solos y otros necesitan alguna ayuda, pero todos están allí y forman parte del grupo. Los maestros tienen la obligación de conocerlos, ayudarlos, formarlos y hacer todo lo necesario para que salgan adelante.
El conocimiento de nuestros productos comienza por saber cómo se configura el precio, incluyendo todas las variables que ejercen influencia. Se trata de identificar cuál es el eje o variable fundamental que lo mueve. Muchos empresarios conocen muy bien el costo primo de su producto, pero no conocen como le afectan otras variables.
Comencemos por el principio, contestando las siguientes preguntas: ¿Qué activos necesito para producir?, ¿Cuál es su valor de reposición hoy?, ¿En cuánto tiempo lo repongo? Este valor es lo primero que debe estar en el precio. Después debemos conocer con exactitud cuáles son los derechos de los trabajadores y cuáles las obligaciones que tiene el empresario con ellos. Cada vez que el salario mínimo se mueve, por ejemplo, el precio se mueve. Ello ocurre no solo por el incremento directo del costo del personal, sino por la retroactividad de las prestaciones. Allí está el detalle, como diría Cantinflas.
Pasamos ahora a los costos y gastos fijos, es decir todo aquello que necesitamos pero que no está relacionado directamente con el producto: luz, teléfono, agua, seguros, alquileres, honorarios profesionales, artículos de oficina, etc.
Llegamos al costo primo o los costos variables. Aquí muchos empresarios se destacan, pues conocen muy bien la fórmula de su producto, pero hasta al más experimentado se le escapa la liebre. Debemos incluir la merma en producción, la merma en operación y la merma financiera.
Pareciera que estamos listos para corroborar que nuestro precio es el correcto, pero falta una variable que no depende directamente del empresario y es fundamental en todo negocio: el volumen de venta. Podemos tener una estructura de costos casi perfecta, pero si el volumen de venta no es el adecuado, tenemos un problema. De allí la importancia de identificar cuál es nuestro punto de equilibrio, que a su vez permitirá establecer metas de venta, monitorearlas y tomar decisiones en caliente.
Si transitamos toda esta ruta cuidadosamente, sin dejar nada fuera de nuestro rango de visión, tendremos entonces una estructura de costos clara. Habremos dominado a ese monstruo de múltiples cabezas, y será la hora de poner manos a la obra y tomar decisiones a partir de datos reales sobre nuestra empresa.
Por Alexis Olivares.